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Airbus se sienta al festín aeronáutico

 

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El director de la planta de Puerto Real considera que la Bahía está en condiciones de participar en primera línea en el sector industrial que más crecerá en los próximos 20 años.

 

 

Cinco coma dos billones de dólares son muchos dólares. 33.000 aviones nuevos son muchos aviones nuevos. Pues ese es el cálculo del horizonte de la aeronáutica mundial de aquí a los próximos veinte años. Una tarta muy grande. Muy muy grande. Y Airbus quiere estar en el reparto. Según Antonio Rueda, el joven director de la planta de Puerto Real, llegado desde Getafe para pilotar un paso adelante en esta industria desde la provincia, "estamos invitados a esa fiesta y nos queremos quedar con un buen trozo del pastel".

El cómo comernos este pastel y que sea un buen trozo de esa cifra estratosférica para la que hay muchísimos competidores, algunos veteranos, algunos muy nuevos, era la razón de ser del Foro Cádiz de ayer, que periódicamente convocan Diario de Cádiz, Cajasol y el Casino Gaditano para debatir sobre asuntos de actualidad. Pocas cosas en la Bahía tienen más actualidad que el desmoronamiento de su industria y pocas cosas pueden tener más interés que el reverdecer de una industria. Rueda está convencido de que la provincia tiene el potencial suficiente para atender las demandas que el sector pueda plantear en un futuro no muy lejano.

"Hay un mercado de pasajeros muy grande propenso a volar más y mejor. Y Cádiz está en esto desde hace mucho tiempo. Quizá haya muchos gaditanos que no sepan que en Puntales hace 90 años había una factoría donde se construían los primeros modelos aeronáuticos. Mucho hemos avanzado desde entonces, cuando las alas de entonces eran de tela y las de ahora son de fibra de carbono, pero lo cierto es que entonces estábamos y ahora estamos. Cádiz nunca se ha desvinculado de esta industria. Y nosotros somos un aliado industrial para esta provincia".

La aportación de Airbus Puerto Real a la exigua industria de la Bahía no es pequeña. En su planta trabajan de forma directa 483 personas, que habría que multiplicar por tres, según Rueda, si se suman los trabajadores de una industria auxiliar "muy competitiva".

Frente a la leyenda negra laboral de la Bahía, que ha supuesto un gran lastre para la zona, Rueda asegura haberse sentido muy sorprendido del compromiso de la plantilla con el proyecto. "Tenemos la menor tasa de absentismo de Airbus en todas las plantas del mundo y los proveedores de servicios a la planta, que es lo que más tiempo puede llevar a un director de planta, aquí apenas generan problemas".

Los datos del absentismo son verdaderamente notables. Pongamos un dato. Delphi, cuando cerró, tenía cifrado el absentismo, al menos oficialmente, en un 30%. Hace sólo cuatro años la planta de Airbus contaba con un absentismo que se movía entre el 12 y el 14%. Ahora mismo no alcanza el 4%, está en el 3,5%.

En todo este tiempo se han puesto en marcha una serie de proyectos que han surgido de abajo a arriba. Quizá el más interesante sea el llamado Flying Challenge, por el cual personal de la planta en sus horas libres ha organizado un programa de voluntariado en el que se tutoriza a chavales de la ESO para que desarrollen sus propios proyectos. Se está creando cantera. Y esto para Rueda es especialmente gratificante, ya que uno de los problemas con los que cuenta en la actualidad la Bahía es que no tiene suficiente personal cualificado y especializado para los retos que se avecinan. Conseguir esa futura mano de obra especializada y altamente cualificada depende de que los chicos sepan que aquí al lado existe esta industria y que esta industria trabaja en proyectos que pueden estar acorde con sus pretensiones creativas y laborales.

Además, se desarrollan otra serie de programas solidarios, como un maratón anual de fútbol sala que consiguió recoger más de doscientos juguetes en la última campaña para niños de familias desfavorecidas de la Bahía. O un carro solidario que, precisamente, se vincula al absentismo. Si la planta logra obtener los resultados previstos en absentismo, la empresa dona 5.000 euros al banco de alimentos.

Son pequeños proyectos, pero esta implicación con la firma es crucial para la eficiencia de una planta de estas características. Y Rueda lo que persigue es trabajo en equipo y eficiencia, que lleguen los pedidos y los pedidos estén acabados a tiempo. Para este ingeniero aeronáutico, Puerto Real ahora mismo no tiene que envidiar a ninguna planta de la compañía en competitividad. Una competitividad que se traslada a la hora de que la compañía juegue fuerte en los principales concursos del sector.

El reto de Rueda, que, como vemos, va más allá de ser el capataz de una planta de ensamblaje y fabricación de piezas, es identificar claves para el futuro. Es decir, pensar en una industria a largo plazo, no sólo que cumpla, como debe cumplir, con los pedidos que se le hagan.

En este sentido, lo tiene claro. "El futuro está en la robótica, la programación y el análisis de datos. En un tiempo no muy lejano esto va a ser tan importante como saber leer y escribir". Si se consigue un reclutamiento adecuado para nutrir esos puestos de trabajo de nuevo cuño que se van a crear con los retos de la aeronáutica, hay vida para Puerto Real para mucho tiempo.

"Nosotros no tenemos que competir en salarios más bajos, Es absurdo. Eso ya lo hacen otros en otros lugares, lo llevan haciendo mucho tiempo y lo hacen mejor que nosotros. Nuestro reto es competir una apuesta por la innovación y la tecnología. Si estamos a la vanguardia en ese aspecto, no hay competencia que valga", señaló Rueda en un tono optimista que no se suele escuchar por estas tierras.

De hecho, su ambición no es poca: "Tenemos que estar en un puesto de competitividad y esfuerzo para podernos situarnos en un lugar en la mesa en el que nos llevemos un gran trozo del pastel. Si lo logramos seguiremos dando alas a la industria de la provincia". Rueda cree firmemente en ello y para conseguir algo, qué duda cabe, el primer paso es creérselo.

Un joven ingeniero aeronáutico que forma equipos cohesionados

Los recursos humanos de nuestro tiempo están mucho más cerca de los trabajadores que juegan al futbolín en las salas de las grandes corporaciones tecnológicas surgidas a raíz de la eclosión de Internet que de los antiguos capataces que descienden de la revolución industrial. De hecho, estamos ante una nueva revolución industrial que necesita de otras relaciones entre empresa y trabajador. Antonio Rueda, un ingeniero aeronáutico madrileño de 40 años aficionado al running, casado y con tres hijos, forma parte de esta nueva generación de ejecutivos cuyo objetivo es lograr climas laborales que se traduzcan en productividad y que esa productividad se traduzca en competitividad. Nuevos tiempos para la nueva industria.